La cárcel. Jesús Zárate. Colombia. 1972.

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Ganadora del alicaído premio Planeta, amén de ser la primera novela latinoamericana en lograrlo, La cárcel sorprende al lector por la limpieza de su factura y la contundencia de su prosa.

Su palabra es mesurada y el cauce de su escritura camina por entre las riberas de un estilo clásico. Mister Alba, acaso el personaje más logrado, hace las veces de un tensor que activa todos los mecanismos de la obra: es tuerto, pero por su gran penetración sobre los más diversos temas, podríamos decir que ve por cuatro; es un gentleman, viste de saco y en contraste a Braulio Coral―el hombre que pese a lustrar los zapatos como un maniático luce como un mendigo—simboliza el peso que, adondequiera va, conserva la libertad verdadera, ésa que no amaina incluso confinada; es un orador, agita su reclusa gradería con elogiosas soflamas sobre Vargas Vila y Sinclair Lewis; es un actor, vive su vida como si la leyera en una obra, en tanto la acomoda a las circunstancias de la vida en curso; es un filósofo, desvela la naturaleza de la justicia y la injusticia y el arte, y es a través de las reacciones que suscitan estas arengas en los presos—David, el antiguo estudiante de derecho y falsificador; Braulio Coral, el bígamo; el gordo Tudela, el exdetective; y Antón, el protagonista—, que podemos entender a cada uno de ellos.

Por eso no es de sorprender que, a las órdenes del nuevo director de la prisión, Leloya, Mister alba se erija en una suerte de Henry David Thoreau: hace un llamado a la desobediencia civil, y, a voz en cuello, protesta enérgicamente: no se pondrá ningún uniforme. Su sentido de la libertad encarcelada se lo exige. Si los hombres de la calle tienen a la libertad por cárcel, él tiene a su confinamiento por el bunker de sus pocos e inútiles deseos.

A lo mejor, por el mismo motivo, Antón Castán, antes llamado Antonio, se cambia el nombre. Sabe que de dentro de la esfera de su reclusión otra esfera más pequeña, la de su personalidad y convicciones, no puede permitirse dudas y menos intrusos. Es cierto que es inocente. Pero su inocencia es más circunstancial que meditada. Acaso no ha matado porque no ha tenido la oportunidad. Y es justo en la cárcel, en el torbellino de sucesos que se precipitan veloces, que se percatará de ello: dentro de aquellas patrulladas paredes descubre que al interior suyo, no muy escondido, existe un hombre distinto, uno que para demostrar su castigada inocencia, apelará al homicida oculto en él.

El libro tiene el acierto de ser una novela travestida de diario, que se cuenta mientras trascurre. Este lance permite que el libro, tal como sucediera en cierto pasaje de Don Quijote, contenga su propia valoración, amén de su propia crítica literaria. El libro viene a contar así una historia en la que sus personajes son conscientes de ella y opinan de sus acciones, lo que se ha escrito sobre ellos (recordemos aquí a Niebla de Unamuno, o a Seis personajes en busca de autor de Pirandello), y que por lo tanto los dota, en su beneficio y en el del lector, de cierta materialidad de carne.

La Cárcel también nos invita a varias reflexiones turbadoras: vivir presos no siempre significa vivir sin libertad y viceversa. A veces, en el corazón mismo de las ciudades, los hombres libres deambulan presos de sus propias cadenas: los solitarios sujetos al café de siempre, los estudiantes impelidos tras dudosos ideales, los campesinos atados al yugo del mercado; y, por supuesto, también están los que sin poder alcanzarla del todo, corren en pos de esa mujer cuyas faldas atenazan sus anhelos.

Si algo notable debemos al Borges crítico, amén de las muchísimas cosas que le debemos, es el uso de la cautela a la hora de elogiar obras literarias. Esta vez, con todo el atrevimiento que ello implica, debemos olvidarnos de cualquier mezquindad de aplausos y decir, a viva voz y sin temor al ridículo, que Jesús Zárate ha escrito un libro portentoso, que es una novela tan sólida y tan bien hecha que merece leerse y  comentarse ampliamente.

Sería el mejor homenaje, la más grande reverencia para con la obra maestra de un escritor enorme.

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Imagen aérea de la cárcel de Alcatraz (imagen tomada de internet)

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2 Respuestas a “La cárcel. Jesús Zárate. Colombia. 1972.

  1. Excelentes recomendaciones amigo. Hay un par de libros que desconozco- y que por supuesto iré a mirar- y hay otros como el Zweig o el de Bill Bryson que han sido compañeros inolvidables. Ya te contaré sobre los otros. Un abrazo.

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