Número Cero. Umberto Eco. 2015. Italia.

zero-eco“Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar —interrumpió Simei.

—Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?

—Ambas cosas, señorita Fresia. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene.”

Un periódico que no sale. Un chantaje fraguado en los entresijos de un diario. Un hombre de cincuenta años ―llamado Colonna― y a quien su exmujer califica de perdedor compulsivo. Una historia de amor, otra de conspiraciones, otra detectivesca, todas divertidas. En Número Cero Umberto Eco lanza flechas de ironía a dos manos y nos pasea por la cartilla del periodismo y todas sus oscuridades; por todas sus marrullas.

II

Pensemos en la danza de bytes que actualmente nos satura. Pensemos en la explosión exponencial de esa información, en su accesibilidad, en sus maneras. Notemos cómo ellas determinan que nuestra capacidad para valorar su veracidad no solo resulta sumamente importante sino, además, mucho más difícil.

Herbert Simon lo ha expresado de un modo inmejorable: «El exceso de información empobrece notablemente la atención».

III

Si hablamos de estar expuestos a una avalancha de información, debemos convenir en que ese sustantivo catastrófico está muy bien empleado: es una avalancha cuya magnitud nos sepulta y asfixia en lugar de brindarnos el aire que buscamos.  A fin de cuentas, vivimos todos inmersos en la denominada “era de la información”, circunstancia que determina que la capacidad de centrarnos en los datos verdaderamente importantes resulte cada vez más vital.

IV

“No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia.”

Clarín en Argentina, Televisa en México, Globo en Brasil, PRISA en España, Cisneros en Venezuela, Berlusconi en Italia, Murdoch en Gran Bretaña, AOL-Time Warner en el mundo anglosajón: a simple vista parece que existen muchos medios informativos, prensa, radio, revistas, internet, pero en realidad todos esos espacios están en pocas manos. El monopolio de la información se convierte en un poder sumamente peligroso porque quien informa se ubica privilegiadamente para imponer su opinión, para escoger qué se puede saber, qué no se puede decir, e, incluso, llegar a lo contrario de lo esperado: desinformar.

V

Umberto Eco ha escrito una sátira sobre el periodismo, le ha agregado ribetes políticos y la ha situado, temporalmente, a principios de los noventa, cuando aún no había explotado la autopista de internet. Este dato no se nos debe antojar menor: la uniformidad de la información ya estaba allí (como sucede desde hace rato), con sus pretensiones de inclusión y pluralidad; y luego, con la llegada de internet, este fenómeno se ha masificado hasta instalarse en cada teléfono móvil, en cada bolsillo del planeta. Es entonces que notamos la potente actualidad de esta novela. Un acierto más de Eco al echar una mirada a los tiempos que corren.

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