Ven y mira. Elem Klimov. 1985. Rusia.

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“La blanca Rusia”, Bielorrusia, año 1943. El campo duerme. Los animales duermen. A lo lejos, extendiéndose generoso, el paisaje exhala cierto aroma perruno de humedad que te llena los pulmones. Ves los bosques. Los colores tenues. Ves la tierra, el barro, la madera, el verde hierba, el verde malva, el verde madreselva. La vegetación se sume en una brumosa irrealidad cercana al sueño.

Arriba el cielo. El sol. El aire. Abajo, el reflejo indeciso de las sombras acostadas. Sí, es cierto: parece que no existe un lugar más limpio y tranquilo que éste.

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Y entonces llega ella. Se te mete en las córneas, cambias la visión en que la tienes. Te vuela lo sesos pero te deja la cabeza intacta. Es la guerra. Injuriosa. Indiferente. Y en esta película encuentras un diccionario visual para entenderla, para concebir su gramática. Una postal del horror en movimiento. Si por ventura caes en ella, como le sucede a Flyora, el niño aquí protagonista, entiendes que vivir la guerra significa vivir mil muertes. Que este infierno no podría ser descrito ni aun por Dante. Una cólera insensata, sin dirección ni blanco, telúrica, que se engulle a todos por igual pues todos son víctimas de sus consecuencias. No hay escapes. Ves a hombres racionales hoy para mañana, victimas del abigarramiento, de la profusión y exuberancia de sus egos, ver que esos mismos hombres se trocean unos a otros sin descanso. Que se cocinan a la parrilla so pretexto de algún fanatismo detestable.

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Realizada a pedido de un encargo oficial, Ven y mira conmemora los 40 años del triunfo soviético sobre el Tercer Reich. Y aunque con semejante origen podríamos sospechar el resultado, el filme, afortunadamente, no cae en propagandas patrióticas. Elem Klimov, el director, se cuida de ello y lejos de una victimización rusa se enfoca en la insania de la guerra. No hay maniqueísmos ni sentimentalismos. En un nazi pueden caber atisbos humanos (escena de la lágrima) y en un soldado ruso las tácticas de un nazi (los reclutamientos).

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¿Buenos? ¿Malos? En la invasión nazi a Bielorrusia perdieron la vida alrededor de 2.500.000 personas, un cuarto de su población entonces. Era la Operación Barbarroja. La guerra total de Hitler. El resultado se inclinaría finalmente por los rusos, como bien dicen los libros de historia, pero esta conquista nos dejaría con un saldo tan pírrico como esquizoide: cerca de 21 millones de soviéticos, entre militares y civiles, perdieron la vida.

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La película se compone de dos partes claramente diferenciables: en la primera, lírica, contenida, vemos el anverso de una cara en cuyo reverso aparece una segunda, llamémosla así, desquiciada. No debemos olvidar que es cine ruso. Lento a ratos. Con más primeros planos de la cuenta. Heredero de la fotografía de Tarkovsky. De La infancia de Iván. Lejos de ese montaje epiléptico y a prueba de mareos que tanto gusta a Hollywood. Cine bélico, sí, pero enemistado con ése otro que a ratos parece de origami.

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Delirios. Histeria. Pitidos en los oídos. El hombre lobo para el hombre. Enajenamientos. Gente encerrada en graneros. Realidad de barro. Textura del terror. Envejecimiento prematuro. Hecatombe. Ruido. Bombas. Garra. Maremágnum. Fango. Maniquí mortuorio. Muerte de una vaca. Plasticidad visual. Largos travellings. Steadicam. Cenagales. Sublimación. Humor negro. Tomas desde la espalda. Poderío visual. Planos subjetivos. Arte. Brutalidad. Barbarie. Comportamientos erráticos. Frenesí. Realidad endemoniada.

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“Hay cierta belleza en el horror”, decía Ernesto Sábato. Y aquí la belleza es netamente cinematográfica. En sus recursos y en sus formas, este film nos recuerda que incluso Hitler fue un niño. Que aun si pudiéramos retroceder el tiempo, llegar incluso hasta su cuna, descubriríamos que no podemos ajusticiar a ese infante. Que alguna voz interna nos preguntaría: ¿nada de piedad para los sin piedad? He aquí la ocasión, el resquicio para los atisbos humanos. Para creer que no todo está perdido.

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«Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: «Ven y mira»…” (Apocalipsis 6, 7)»

Sí. Ven y mira una joya del cine como pocas. «No es una película sobre la segunda guerra mundial, es la segunda guerra mundial» (Copolla).

Alístate.

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