Si esto es un hombre. Primo Levi. 1947. Italia

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Enciérrense tras la alambrada de púas a millares de individuos diferentes en edades, estado, origen, lengua, cultura y costumbres, y sean sometidos aquí a un régimen de vida constante, controlable, idéntico para todos y por debajo de todas las necesidades: es cuanto de más riguroso habría podido organizar un estudioso para establecer qué es esencial y qué es accesorio en el comportamiento del animal-hombre frente a la lucha por la vida.

Sí. ¿Qué es esencial y accesorio en el hombre en su lucha por la vida?, he aquí la gran pregunta a la que nos convoca Levi en este libro y, con su experiencia de recluso en un campo de concentración nazi, intentará acercar una respuesta.

Si la reclusión forzada, el hambre, el frio, los maltratos, las enfermedades y todos los satélites de la muerte se suceden aquí con una voracidad mitológica, de Caribdis, en ningún momento Levi se decanta por lo fácil: en lugar de un relato lacrimógeno, lleno de lugares comunes, se inclina por las preguntas cardinales del hombre: por su existencia, por los límites de su crueldad, por los resortes de sus motivaciones y de sus luchas.

Es éste, en el fondo, un retrato del hombre visto en su mayor fragilidad y desamparo. Intuido a través de los “semivivos”, de ésos que paulatinamente dejaron de ser hombres para caminar empujados hacia el reino de las bestias. Es una narración que evoca a la Divina Comedia y a su Infierno, pero que, al mostrar al otro infierno, ése que desconoció Dante, se matiza pues destaca a un hombre que pese a su incapacidad para ayudarse a sí mismo intenta ayudar a otro. Son esquirlas de humanidad; pequeñas gemas de esperanza sacadas del socavón más oscuro.

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El mayor mérito de esta obra, si pudiéramos enumerar sólo uno, reside en que su protagonista no hace las veces de un justiciero Radamantis. Como bien podría hacer cualquiera en su sitio, Levi no sale metralla en mano a prodigar improperios a sus captores. No. Todo lo contrario: él mismo nos dice que prefiere la parte de testigo a la del juez, pues su intención es testimoniar sobre las cosas que sufrió y que vivió en su cautiverio: “Mis libros no son libros de historia: escribiéndolos me limité rigurosamente a hechos de los que tuve experiencia directa, y excluí aquellos de los que me enteré más tarde por los libros y los periódicos”.

La fuerza de la prosa desplegada por Levi nos da las certezas correctas, las que se  necesitan en este tipo de testimonios. Su cercanía concientiza y desarma; su elocuencia, a la hora de pulsar las cuerdas más delicadas —pero al mismo tiempo más vitales—, nos deja ante una obra que sacude y nos agarra de las vísceras porque, precisamente, está escrita con ellas.

Si para los reclusos de Auschwitz la historia permanecía, como aquí se dice, “parada”, para los que observamos este horror a la distancia y a través de los matorrales del tiempo la historia no debe detenerse; todo lo contrario: debe insistir en la memoria y en la conciencia una y otra vez. Persistir y reverberar como un eco que no se extingue. Como un ejercicio de resistencia en el que cabemos todos.

9788499422886

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