Cándido, Voltaire, 1759. Francia.

Voltaire billete Frances

Sucedió hace 260 años: un terremoto sin precedentes hace añicos a Lisboa y el mundo entero, con los ojos fuera de las cuencas, queda en shock al constatar la magnitud de la catástrofe: más de cien mil muertos, un sinfín de maremotos sacude los más lejanos sitios, una ciudad queda en ruinas con el ochenta y cinco por ciento de sus edificios derruidos, y una desolación que no se podía describir se apodera del alma de Europa. Era el fin. El acabose. El inicio de una era nueva pues a juzgar por lo que se podía ver a simple vista el temido Apocalipsis sí era posible después de todo.

En Francia, por su parte, y tras quedar sumamente impresionado, Voltaire escribirá el Poema sobre el desastre de Lisboa y en él se irá contra las filosofías que defendían la curiosa tesis de que vivimos en “el mejor de los mundos posibles”; una tesis que habían desarrollado y defendido, en especial, Leibniz y Alexander Pope.

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Sin embargo, Voltaire no se conformará con lanzar esta punzada y tras arremeter con un desesperanzador discurso («Admitámoslo, el mal está presente en la tierra… Este mundo, teatro de orgullo y de error, está lleno de desdichados que buscan la felicidad…»), enviará a las imprentas en 1759, cuatro años más tarde, a su Cándido o el optimismo y con él dará un golpe de muerte a las ideas de Leibniz y su pandilla.

Cándido, entre sus muchas y variadas peripecias, narra la evolución de las ideas que tendrá este personaje y que van desde el optimismo furibundo hasta el pesimismo moderado. En el amplio periplo que recorre —el cual incluye al legendario Dorado y que Voltaire ubica en los rescoldos de la civilización Inca—, Cándido se irá desencantando poco a poco de su tutor Pangloss (a quien es difícil no identificar con Leibniz) y de sus ideas sobre “el mejor de los mundos posibles”.

Al final, cuando Cándido termine desilusionado aun de Cunegunda, la dama de sus pensamientos y por quien no ha hecho más que derramar todos los suspiros posibles, Cándido comprenderá que Pangloss siempre estuvo equivocado, que no se puede defender lo indefendible y afirmar, tras vivir y presenciar lo que han visto, que toda tragedia sea justificable.

En suma, Cándido es una novela que podría ser calificada de aventuras o de folletín filosófico; ser ambas cosas simultáneamente. Es una obra que se aproxima mucho a Voltaire y a su capacidad para confeccionar sátiras, a su manera de entender las ideas y a su afán por llevarlas a los terrenos del combate. Es la obra de un hombre que a la vez que fue motor, fue también compendio de su tiempo, de esa Europa que se movilizaba entre revoluciones. Que dejó de ser cándida.

Cándido

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