M, El Vampiro de Düsseldorf. Fritz Lang. 1931. Alemania

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Quizá no haya mejor forma de palpar el miedo que advertirlo en lo más común, allí, en la naturalidad y en lo frecuente, en esas cosas que vemos día a día y que pueden habitar en nuestras casas o en la calle: en una sombra cualquiera, en un cartel de noticias, en una madre que espera a una hija que tarda o en esa pelota que rueda solitaria porque perdió las manos que la sostenían.

Sí: el miedo podría estar en todos lados. En cualquier parte. Y a lo mejor, para hacerlo más visible, en el caso del cine, no exista mejor medio de invocarlo que recurrir al nervio y a la tensión. A esa pausa sostenida que no respira y que, al ser la columna vertebral de toda buena historia, permite que alguien pueda llevarnos a esos territorios del silencio y de lo frágil.

Si oímos una voz cuya fuente desconocemos, que nos ataca y nos castiga; si sentimos una amenaza que nos golpea y que, además, se oculta, ¿cómo reaccionar ante ello? Fritz Lang responde a esta pregunta en esta cinta al poner en escena a un asesino en serie y, a través de él, realizar un ejercicio cinematográfico de los que se repiten muy poco; un ejercicio que nos enseña lo necesario a la hora de componer acertadamente una película: mostrar sin mostrar, sugerir sin decir, apelar al fuera de campo para dar cuenta de lo que no podría decirse dentro de él y sus encuadres. Sí: es un logro antológico. La mayor virtud (entre tantas) que tiene esta película y que la hacen digna de mil aplausos.

Si en Cortina Rasgada Hitchcock usaba el relumbrar de un cuchillo para dar escalofríos; si en Jurassic Park Spielberg hace temblar el agua en un vaso para desencadenar el miedo; en esta película Fritz Lang (y mucho antes que todos) enreda una cometa en un alambre y con ello nos muestra el horrible rapto de una niña, nos dice que el attrezzo también puede ser un actor. Quizá uno muy importante.

Las escenas finales, más su monólogo cumbre; los movimientos de cámara que sorprenden por el año en que se ejecutaron; la manera de mostrar la confusión generada entre la población; las decisiones que toma cada quien según su conveniencia; la capacidad de componer planos que no pierden actualidad a una distancia de casi cien años; todas estas razones, válidas en sí mismas, bastan para dar un visionado a esta película y entender por qué pertenece a las cimas del séptimo arte y por qué la M de Mörder -asesino-, podría ser también de magnífica o memorable.

Disponible en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=aJoetdddjuI&

M_credit

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