Viaje a la Semilla. Cuento. Alejo Carpentier. Cuba. 1944.

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Viaje a la semilla inaugura en el universo de la literatura un concepto singular, una nueva palabra: el verbo “desmorir”. Instalado en otra forma de desandar los pasos, de regresar por el camino, el relato vuelve como vuelven los salmones a un origen vital, a una desintegración placentera en el vacío y la nada. Si “las horas que crecen a la derecha de los relojes[…] son las que más seguramente llevan a la muerte”, las que crecen a la izquierda deben ser, entonces, las que llevan a la vida.

Bajo el artilugio de un tiempo invertido, repasamos la vida de Marcial, marqués de capellanías. El transcurso de una noche bastará para recontar su vida entera: conocemos el inicio de su juventud (se hizo poco dado a la meditación); su niñez (su mente se hizo alegre y ligera, admitiendo tan sólo un concepto instintivo de las cosas); y su iniciación sexual (en sus visitas a las mujeres que cuchichean detrás de puertas azules).

La noche y la muerte, el amanecer y la vida. Es este un cuento con dos principios y dos finales: en el primero (cap. I), presenciamos la demolición de la casa; en el otro (cap. 2), la regresión temporal por el negro y sus artes secretas. El primer final (cap. 12) se da con el hundimiento en el vacío, esa suerte de parto al revés; el segundo (cap. 13), cuando los trabajadores vuelven y hallan su trabajo finalizado. Así la realidad diurna pertenece la esfera del progreso; la nocturna, a la magia. El amanecer es el fin del artificio; el anochecer, el comienzo. El ayer y el presente se cruzan como dos trenes que a gran velocidad circulan por rieles contiguos mientras se comportan como si el planeta virara hacia su lado infrecuente.

Así pues, nos encontramos con un tiempo perteneciente al reloj y otro a la magia. La inversión del tiempo hace las veces de imagen especular y así descubrimos la otra cara de un universo siempre en movimiento. Un contraste entre dos realidades distintas pero a la vez iguales, que nos dice que la realidad posee una lógica que ni aún la emergencia de un tiempo invertido logra deshacer: cuando los obreros vuelven por la mañana, el cauce del tiempo continúa su ciclo habitual, y Marcial, como al principio, no existe.

El recurso del tiempo invertido acentúa la fugacidad de la vida. Exhibiéndonos como fragmentos que se diluyen, nos deshacemos fluidamente en el pasado. Poco menos que prisioneros del reloj, caemos en su idolatría por girar a la derecha, en su imprecación silenciosa y en su manía por remarcar nuestra condición efímera.

Aun así, los hechos que se suceden en el tiempo invertido, gracias a la consumada técnica de Carpentier, cobran una significación nueva: …los novios recobran su libertad… el enfermo se sintió mejor… alcanzó la minoría de edad… crecen los muebles…crecen los cirios

El tiempo y el espacio, por su parte, son concebidos como un conjunto indisoluble. En el relato, cuando Marcial tiene una leve percepción de las horas en reversa, advertimos mediante una comparación que lo sucedido sería algo similar a un espacio dislocado: caminar por el techo con los muebles al lado, con el piso convertido en techo. Es el espacio-tiempo.

La africanidad y sus significados aparecen como una fuerte presencia en el universo de Viaje a la semilla: en la vida de la negra, abusada por el padre de Marcial; en la de Melchor, el sirviente que hace de mejor amigo de Marcial niño; en la de la negra sirviente, cuyas premoniciones sobre el agua advertían a la marquesa su fin último (“¡Desconfía de los ríos, niña; desconfía de lo verde que corre!”.)

Cuando Marcial advierte al perro (“guau, guau”), se nos informa que conoce “La suprema libertad”. Pero esa suprema libertad no es otra cosa que la incontaminación del mundo, de la palabra, de los artificios y lo que no se tiene y se ignora cuando se es niño y no hay consciencia de las desigualdades sociales.

Viaje a la semilla es el retorno a un estado primitivo, a la instantaneidad de la vida, a sus significados y cauces y aromas; y es, también, el regreso a una América que desconoce la llegada y dominación de Occidente.

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