Perversidad (Scarlet Street). Fritz Lang, 1945.

Scarlet-Street

Se levanta el sol y se oculta. Un día pasa y otro llega. Miras por la ventana y qué notas: tu vida es tan insípida que toda ella la has dedicado a conformarte, a esperar, a soñar con lo que no llega y que ya no llegará pues los años siguen su curso azotador y tú nada de nada. La resignación es tu almohada; la frustración, tu cobija. Varios lustros en el mismo empleo de segunda, varios años casado con una mujer insoportable. De no ser por la pintura… Ah… si hasta parece que no hay más alternativa que este desierto, abrazarse a esta vida sosa, cojitranca, digna de arrojarse al metro. Pero un segundo: la ruleta siempre está girando, y el día menos pensado, un día en que estás especialmente melancólico, ¡zas!, conoces a la chica de tus sueños. Y como caída del cielo, llega la hora de tu suerte…

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Pero, wait a minute: ¿es así como funciona la vida? ¿Como nos premia por nuestra resignación y nuestros bostezos interminables? ¿O acaso cada obsequio que nos llega, como venido del paraíso, no trae consigo unas instrucciones de uso que muy bien pueden no gustarnos?

Atendiendo a lo anterior, Perversión de Fritz Lang nos brinda algunas respuestas: después de tender una intrincada red de apariencias y engañar, todos pasan a engañados; a obnubilados por una ilusión que no permite sospechar que es Fritz Lang, realmente, quien nos engaña a todos. Con su pulso certero y arrollador, con un cine manufacturado con la sabiduría propia de un maestro, Fritz Lang nos lleva a un mundo donde las mentiras llenan los rincones y las carcajadas ensordecen las verdades; donde una alegría cosmética y de coloretes llega para quedarse. Aquí, la felicidad es de origami y no puede ser espantada ni por ese barco pirata que, día a día, asomándose  a la costa de nuestros bostezos, nos alarga las horas: el barco de la rutina.

Ya adentrándonos en el apartado técnico, poca fluidez de planos medios, orientando la dirección al empleo de amplios movimientos de cámara, logran sumergir al espectador en una historia que nos lleva por todas las emociones posibles. La fotografía, pensada para lograr ambientes de sordidez y desamparo, lo consigue sobremanera con el uso de certeras combinaciones de luz -buena muestra de ello es la secuencia rodada en el hotel, que supone el inicio de la tortura de Chris-. Mención especial merece el plano donde Cross le pinta las uñas a su “actriz”, y ella asegura, con ironía no disimulada, que el resultado “será toda una obra maestra”

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Desear lo que no tenemos es peligroso. Y si no preguntemos a Cross. Pobre. Todo fue un sueño fugaz. Apenas han llovido cuatro gotas y todas salobres.

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